I Yincana de Orientación Premio Aula Verde

El viernes día 18 de junio, terminando el curso, los ganadores del V Premio Aula Verde han tenido una especial recompensa por su esfuerzo, independiente de las notas del final de curso. El Premio Aula Verde es un concurso que hacemos entre las aulas de la ESO, para promover los buenos hábitos ecológicos. Para ello se establecemos varias categorías que se van puntuando cada dos semanas por el Comité Ambiental durante los últimos meses. Aspectos como el orden, la limpieza, la energía, el reciclaje, la decoración ecológica o el uso comedido del hidrogel  o del papel, el buen ambiente y la participación destacada.

 

En estos aspectos han sobresalido las tres aulas ganadoras de este año, en primer lugar el aula 28, que es el Aula Específica, que lo han hecho todos los años, todo hay que decirlo,  en 2ª posición el aula 6, que es la del grupo de 1°ESO B, y en 3er. puesto el aula 22, del grupo 2°ESO C.  También son distinguidos, fuera de concurso, nuestros voluntarios del Comité Ambiental y del Green Team, que han asegurado el premio haciendo una labor admirable por mejorar el instituto, para hacerlo más responsable y respetuoso, más limpio. Aprovechamos para agradecer  a todos los participantes del Premio Aula Verde, que han sido prácticamente, todas las clases de ESO, pues todo lo que se haga suma para educar en esta conciencia ambiental, de la que depende el Planeta que compartimos.

 

Para celebrarlo hemos preparado esta actividad para que lo pasemos en grande: La I Yincana de Orientación, que hemos organizado con la colaboración del Club CIMA 2000, y el permiso de la Delegación de Deportes de Cabra. Las y los alumnos, 75 en total, han participado en grupos de tres. Se les repartió un mapa de la zona y mediante una aplicación que se han debido descargar, van sumando puntos yendo al máximo de lugares marcados, cada uno de ellos 100. También había varias pruebas especiales que si se conseguían significaban 500 puntos más para la saca. Estas pruebas las han dirigido nuestras voluntarias y voluntarios, entre el alumnado de 1º de Bachillerato y 4º de ESO; el profesorado del Centro, y algunos del Club CIMA 2000, 30 colaboradores.

 

Las pruebas han sido variadas, y que parte de la diversión era que ellas y ellos establecían su estrategia dentro del juego.

 

En el interior del IES explicaron Kico y José Manuel, dos de los organizadores junto con José Ángel, a los participantes en qué consistía la prueba. Repartieron los dorsales, con la ayuda de Carmen León y Juan Ma Franco, y mediante códigos QRs, ya podían empezar con una pista escondida en nuestro patio, nada fácil por cierto. También estaba dentro el tiro con arco, que llevaba nuestro compañero Tacho con mucha seguridad, que para eso estaba versado en los campamentos del Cortijo Frías. Y aunque las gallinas son muy asustadizas, o al menos eso dicen las leyendas urbanas, ninguna pasó miedo, si acaso un poco estuvieron un tanto extrañadas, al ver a la juventud, que normalmente van con sus mochilas y sus bocadillos, de pronto  disparando flechas como nunca antes se había visto desde el gallinero.

 

Lo más cercano después sería el Pabellón, donde estaba José Ángel, que además de profesor de Administración y Finanzas, dirige actualmente el Club Cima 2000, al que debemos muchos de los materiales para las Pruebas y Balizas, como los mismos arneses, que necesitaban nuestros aventureros para conseguir, en todo lo alto del rocódromo, madre mía, para conseguir otros 500 puntos

 

El recorrido, que continuaba por la Senda Enmedio, estaba diseminado de códigos escondidos. Dos de ellos, en cada paso de cebra de nuestro terreno de juego, que estaban asimismo vigilados por alumnado de 1º de Bachillerato, y que debían sellar al subir, y luego al bajar. De este modo asegurábamos que, con la emoción de la competitividad, ninguno o ninguna se olvidara de las más básicas normas de tráfico.

 

Para ir a la Fuente del atajadero, debían dar un rodeo, y así recordar a Manuel Ruiz Madueño, el poeta,  a través de las preguntas que el juego les proponía. Por la Barriada de Gargallo, el mapa te llevaba por parques y plazas, y era cada equipo los que debían buscar entre las esculturas de un jardín, o contar peldaños en otro.

 

En la plaza José Solís les esperaban Eva y Kico, que se toma muy en serio esto de la gamificación,  para hacerles romperse un poco la cabeza con los puzles, tangrams y demás retos matemáticos. Mientras tanto, cerca de la Jefatura de la Policía Local, en un parquecito  más agreste, para la prueba de Reciclaje, tenían que segregar acertadamente la basura disgregada por nuestras gregarias del Comité ambiental: Paula, Daniela y Susana, vaya con ellas nuestro gran agradecimiento.

 

En la Vía Verde no olvidarán ya, la ópera japonesa “Mikado”, que inspiró el nombre de la locomotora del Tren del Aceite; curiosidad que también quería saber la aplicada aplicación, a cambio de 500 puntos, eso sí.

 

Quedaba subir algo más por el monte, para la prueba más lejana, y mojarse un poco, o un mucho, en la Fuente del Río, tratando de llenar los cubos con las botellas, que en sus anteriores vidas debieron ser las dianas de Tacho por la cantidad de agujeros que tenían.

 

A la vuelta, y como parte del Premio, el instituto ha invitado a todos los voluntarios a un desayuno molinero, que estuvieron preparando los profes  Jesús, Carmen y Pilar, y que también debemos agradecer a Antonio Reyes, que además de surtirnos de lo necesario, y nos ha regalado el aceite, eso sí, en envases  con un 95% de material reciclado. Tocaba el momento entrega de diplomas a los premiados en el Aula Verde y a los voluntarios ambientales. La anécdota fue que en el cómputo, a los verdaderos ganadores de la Yincana, se les acabó la batería, del móvil, no del cuerpo, si no no hubiesen ganado, claro; y al continuar con otro teléfono, aparecía su puntuación por separado, y claro cuando comprendimos el malentendido, ya les habíamos prometido el premio- unas botellas de agua reutilizables- a los segundos, que no eran otros que nuestros chicos y chica del Aula Especial, FBO Team, que ya celebraban con la ilusión que les caracteriza, volver a ser unos campeones. Y como si un desenlace de un cuento se tratase, la historia acaba felizmente  cuando Sergio, Carlos y Gonzalo, con sus 4000 puntos conseguidos, en un gesto de deportividad que les honra, cedieron su premio, sin mayor problema.  Y encima el pan que no se ha llegado a tocar, lo hemos donado a Cáritas. Objetivos cumplidos.

 

Con este gran final que es la Yincana, esperamos motivar al alumnado en estos buenos hábitos saludables. Tan saludables que tratan de hacer un mundo mejor, con estos pequeños y grandes gestos cotidianos que desde nuestras casas, y desde nuestro instituto, podemos y debemos practicar

 

Ecoescuela del IES Felipe Solís

 

Solsticio de Verano de 2021

23 junio, 2021
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